Tratamiento de la fístula ureterovaginal por vía laparoscópica.
Cecchini Rosell, L; Boix Orri, R; Comet Batlle, J; Domingo Ferrerons, R; Carrasco Cánovas, N; Ponce Campuzano, A; Montserrat Orri, V; Torrent Quer, N
Hospital Universitari de Girona Dr. Josep Trueta
LXXIX Congreso nacional de Urología, Tenerife, 2014
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Las lesiones de la vía urinaria en la cirugía ginecológica no son infrecuentes. A menudo el diagnóstico se plantea de forma diferida cuando aparecen pérdidas de orina por la vagina en el postoperatorio tardío de una histerectomía. Es importante saber diferenciar el origen vesical o ureteral de la fístula ya que condiciona su tratamiento. Las fístulas vesicales suelen ser diagnosticadas mediante una cistografía o por cistoscopia. Las fístulas ureterales a menudo precisan de una urografía o de TC para llegar al diagnóstico. El manejo conservador mediante sonda vesical en las primeras o cateterismo ureteral en las segundas no suele resolver el caso cuando ya están establecidas.

 

Presentamos el caso de una fístula urinaria diagnosticada a las tres semanas de una histerectomía laparoscópica por miomas. Durante el acto quirúrgico hubo una lesión vesical visualizada y suturada por los propios ginecólogos. Se practicó una TC que mostraba una fuga de orina juxtavesical izquierda con indemnidad de la vejiga. La cistoscopia mostraba una zona edematosa retrotrigonal. Se realizó una pielografía ascendente que demostró una fuga ureteral y se  pudo colocar un catéter JJ. A pesar del cateterismo y el mantenimiento de la sonda vesical no se consiguió interrumpir el débito urinario por la vagina por lo que se decidió una revisión quirúrgica.

 

Se realizó un abordaje laparoscópico con liberación de adherencias intestinales pélvicas hasta identificar el uréter y seguirlo hasta nivel juxtavesical donde se apreciaba una disminución de calibre, donde se cortó. Se incindió la vejiga para descartar la presencia de una comunicación vesicovaginal en la zona con edema. A continuación se liberó la vagina de la cara posterior vesical para cerrarla con una sutura continua reabsorbible de forma transversal. Se cerró la vejiga en sentido longitudinal y en el margen más craneal se  practicó un reimplante ureteral directo. Finalmente se fijó el epiplón en el fondo pélvico.

 

            El abordaje laparoscópico de las fístulas urinarias después de cirugía ginecológica es factible y debe seguir los mismos principios de planteamiento que en la cirugía tradicional.

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