MANEJO LAPAROSCOPICO DE FÍSTULA VESICORECTAL USANDO INTERPOSICIÓN DE COLGAJO DE EPIPLON: UNA COMPLICACIÓN INUSUAL DESPUÉS DE PROSTATECTOMIA RADICAL
Mercadé Asier; Rosales Bordes Antonio; Subiela José Daniel; Ponce de León Javier; Hassi Mario; Balañà Lucena Josep; Calderón Julio Francisco; Montlleo María; Salas Daniel; Hernandez Jhonatan; Salvador Bayarri Josep; Palou Redorta Joan
Fundación Puigvert
XXIX Reunión Nacional de los Grupos de Litiasis, Endourología, Laparoscópica y Robótica, Palma de Mallorca, 2019
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INTRODUCCIÓN: La fístula vesicorectal (FVR) es una complicación rara después de la prostatectomia radical. El abordaje laparoscópico ofrece una mayor amplificación del campo quirúrgico, evita la morbilidad asociada a la laparotomía y facilita la interposición de colgajos de epiplón, por lo que hoy en día la laparoscopia representa una alternativa atractiva al abordaje estándar.

PACIENTE Y MÉTODOS: Se presenta el caso de un varón de 72 años que desarrolló FVR cinco años posterior a prostatectomía radical abierta. El paciente presentó fuga de orina a través del recto, siendo sometido a cinco intentos infructuosos de tratamiento endoscópico. La tomografía computarizada preoperatoria muestra trayecto fistuloso que comunica vejiga y recto localizada en la región posterioinferior derecha de la vejiga. El paciente fue llevado entonces a reparación transvesical laparoscópica de la fístula. Los pasos de la cirugía consistieron en: (1) Cistoscopia y cateterización ureteral, (2) Canulación de la fístula, (3) Colocación de cinco puertos laparoscópicos transperitoneales, (4) Cistotomía, (5) Apertura del trayecto fistuloso, (6) Disección del plano entre recto y vejiga, (7) Cierre del defecto vesical, (8) Disección, desplazamiento e interposición de colgajo omental y (9) Sutura vesical.

RESULTADOS: Tiempo operatorio; 113, sangrado; 130 ml, no se registraron complicaciones en el postoperatorio, la estancia hospitalaria fue de 4 días. La cistografía postoperatoria reveló ausencia de trayecto fistuloso. En la anatomía patológica se evidenció ausencia de cambios neoplásicos en mucosa rectal y vesical. Los catéteres doble J se retiraron 4 semanas posterior a la cirugía. A 8 meses de seguimiento el paciente niega perdida de orina a través del recto.

CONCLUSIÓN: El manejo laparoscópico de la FVR permite evitar la morbilidad de la cirugía abierta, logra una excelente magnificación del campo quirúrgico y la disección satisfactoria del plano entre recto y vejiga, además, evita cistotomías amplias y facilita la interposición del epiplón. 

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